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domingo, 15 de octubre de 2017

Historias desde la cadena de montaje. Ben Hamper

"Historias desde la cadena de montaje". Ben Hamper.  Mediante una prosa pura y sin concesiones de ningún tipo, Hamper, también conocido como “Rivethead”, un ex remachador de la cadena de montaje de la fábrica de camionetas y autobuses de General Motors, y cuyos artículos para Esquire, Harper’s y Mother Jones obtuvieron un reconocimiento literario excepcional, nos conduce a lo largo de su delirante carrera como obrero automotriz trastornado: de ofrecerse para trabajar turnos dobles a beber y atiborrarse de todo tipo de drogas, pasando por el plan de control de calidad de General Motors (basado en un Gato de Calidad gigante que se paseaba por toda la cadena) hasta los personajes a lo gonzo que fueron compañeros de Hamper. Estamos ante una historia extraordinaria, hilarante y trágica al mismo tiempo, de unos seres humanos atrapados en un inframundo de ruido asfixiante, aburrimiento y disparate.  (Capitan Swing)

domingo, 8 de octubre de 2017

Retorno al pasado / Eleven mi horca



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Ana Patricia Moya

UN CORAZÓN DE CEMENTO Y ALAMBRE. Por Marisol Sánchez Gómez
Leo los poemas de Ana Patricia Moya, una mujer joven, de mi tiempo, y transito durante un par de horas por un recorrido vital que, de manera recurrente, se ve jalonado por temas que con fuerza metafísica nos afectan a todos: el amor - el gran tema de las mujeres -, la soledad, la independencia, el dolor y la poesía.
Lúcida observadora de su entorno y su realidad la autora no se engaña: es un miembro más de una generación inmersa en una tragedia épica y colosal, en el desastre de una generación que quiere ser independiente y se ve obligada a aceptar trabajos basura mal pagados (véase “Puta barata \ Informe de becaria: año 2009 / 2010”) o a depender de sus padres; a pelear por realizar sus sueños con riesgo a veces de tener que renunciar a lo que íntimamente se es o sacrificar su independencia. “Tengo casi treinta años / y no tengo nada”, nos dice Ana Patricia en un verso que se despliega estirándose visualmente sobre la página obligando al ojo lector a leer en un largo vaivén que concluye en un radical “nada”.
Es extraño que la persona poética de estos versos confiese no sentirse joven? ¿Es extraño que “ese hombre del saco que dormita en sus pestañas” engorde gracias a sus temores: “el paro / la soledad / la ausencia de respuestas / los sollozos de madrugada”?
Entre versos, a veces irregulares y entrecortados, en versos puros, canónicos, en prosa poética o en versos en prosa, en líneas definidas frecuentemente como misántropas, Ana Patricia va desgranando su necesidad de interpretar su mundo, indagar y explicarse. Entre Caperucitas ingenuas y engañadas, Alicias internadas por locas o bellas Blancanieves que no menstrúan, símbolos contemporáneos de mujeres sin deseo sexual, como las muñecas muertas que se prodigan por la red de redes, la autora despliega su decepción, la nostalgia amorosa ante el amante que ya no está, su rabia y su dolor ante la cama vacía; las consecuencias de ese amor desengañado ante un otro, falaz y ausente, pero no por eso menos esencial.
Frente a todo ello, la fortaleza de un corazón que es sólido y frágil a la vez, hecho de “cemento y alambre”, sensible y lúcido. Y siempre la poesía. Una poesía hecha de rabia, dolor y decepción al ver lo que muchos son capaces de hacer con tal de publicar. Algo ante lo que Ana Patricia no sucumbe, aceptando la cuota de amargura que conlleva ser un pájaro que canta sin el resguardo del nido, el peaje que paga quien no se convierte en un “poeta impostor” con “libros saturados de sucio ego”. Y es esa poesía que la invade como un amo imperativo y ante la que ella protesta airadamente para no sucumbir, la que la espera “en su sonrisa”. Y es que Ana Patricia no está sola, aunque ella diga en un duro poema que sólo cree en sí misma. Está la poesía, su entrega a ella, y la existencia de otros - muchos y muchas - que hacemos causa de ella y de sus versos. Nadie debe sentirse tan solo; como decía la extraordinaria poeta Adrienne Rich, todos tenemos, aun sin saberlo, gente en torno entre las que sentarnos y sollozar sin que por eso se nos deje de considerar héroes.
Es esa capacidad heroica de la poesía honesta de Ana Patricia, la escrita desde las entrañas, casi sin medios, ni sponsors y que no se ha convertido en un postre de lujo en el banquete del poder cultural, la que nos sana y redime; la que nos ayuda a interpretar el mundo, la que nos da, de una manera radical, la capacidad de oponernos al lamentable discurso de la mentira que predomina en la escena cultural del momento.  

miércoles, 4 de octubre de 2017

dos poemas de Ape Rotoma

Ahora
Y ahora, ¿qué?, me digo
que es lo que  he estado diciéndome
durante años. Años que ya se han ido y yo sigo
diciendome ahora, ¿qué? Lo malo es que no quedan
más, ni uno ni medio ni nada. Se acabó preguntar
a nadie, o peor que a nadie, a mí, que ni siquiera
he sido capaz de pensar en la respuesta en todos
estos años.  Yo siempre he preferido preguntar.
Y lo he hecho. Durante años. Vale. Se acabó
Pasarón los años de preguntar. Ahora, ¿qué?

Mi estómago y yo
Yo siempre he dicho a quien quisiera escucharme
que mi estómago y yo mantenemos desde hace años
una dura guerra y se reduce en sus móviles
al simple hecho de ver quién putea más a quién
y que, desde luego, gano yo, por el momento.
Sin duda, es la típica gracieta de barra, así que
no lo toméis muy en serio, porque hoy pienso
que mi estómago, el jodido, es pero bastante más
listo de lo que yo pensaba, y que, haga lo que haga,
no se empeña en putearme sino todo lo contrario.
Su objetivo inconfesable es el salvarme la vida
y no sé para qué coño. Pero lo hace. Da lo mismo
que yo me empeñe en lo opuesto. Ante tamaño hijoputa
voy a acabar por rendirme. Pero soy yo quien después
debe aguantar los reveses de la vida que él protege
y eso es algo que debería comprender el muy cabrón.

dos poemas de Ape Rotoma, de "149 PCE" (Canalla Ediciones)

domingo, 1 de octubre de 2017

José María Fonollosa

No a la transmigración en otra especie.
No a la post vida, ni en cielo ni en infierno.
No a que me absorba cualquier divinidad.
No a un más allá, ni aun siendo el paraíso
reservado a islamitas, con beldades
que un libro garantiza siempre vírgenes.
Porque esos son los juegos para ingenuos
en que mi agnosticismo nunca apuesta.
Mi envite es al no ser. A lo seguro.
Rechaza otro existir, tras consumida
mi ración de este guiso indigerible.
Otra vez, no. Una vez ya es demasiado. 

sábado, 30 de septiembre de 2017

un poema de Rafael Calero Palma

Soñé que yo era
breve, misterioso, certero.
Soñé que yo era
un Proverbio del Infierno
escrito por William Blake.
Ese que dice
Crear una pequeña flor
es un trabajo de siglos


[un poema de “cuando atraviesas del fuego lamiéndote los labios” de Rafael Calero Palma. editado por ediciones enemigo público número uno]