un espacio abierto sobre libros, literatura, viajes, cine, música, aguardientes y otros destilados ...

domingo, 31 de diciembre de 2017

Recuerdos del pelo largo. Antonio Báez

Groenlandia presenta su nuevo libro:
recuerdos del pelo largo,
de Antonio Báez
Fotografías de Alfonso Vila
y Jesús M. Horcajada

“Cualquiera de los relatos de esta obra tiene ese giro, llamemoslo “baeciano”, que te lleva tranquilamente por una historia para luego cambiártela y dejarte con la duda. Así que, si estáis leyendo este prólogo, ¡bien! Porque lo que viene después es lo bueno, los relatos de este tipo que se aparece en los lugares más insospechados para entrar suavemente en vuestro mundo. Dejadle entrar, aunque, igualmente, lo hará.”

(Del prólogo de Rakel Rodríguez)

Para leerlo en las diferentes plataformas:




sábado, 30 de diciembre de 2017

Mientras me alejo. Karmelo C. Iribarren

Un trayecto de largo recorrido por Jimy Ruiz Vega

Hay poetas que nunca tienen que preguntarse cuándo y dónde comenzará el poema. Su intuición los orienta, van de la mente al papel y del papel al mundo exterior para volver a pasar por el filtro de la mente. De allí, surge natural el primer verso o el poema en ciernes. Saben que todo lo que pasa frente a sus ojos y por sus emociones es digno de ser apuntado. Incluso lo más irrelevante: unas palabras escuchadas en un bar, la vaga sonrisa de una mujer, una calle desierta, un banco vacío de una plaza, la niebla que está entrando en la ciudad, una farola encendida o la lluvia que cae sobre la acera, pueden dar pie a la aparición del poema.

La poesía de Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959) encaja perfectamente en ese prototipo de creación. El poeta vasco frecuenta esa manera de indagación creativa, esa forma de ver la parte oculta de lo que está delante de sus ojos. A este respecto, el profesor de literatura Pablo Macías en su reciente libro Otra manera de decirlo (Renacimiento, 2017), un estudio riguroso sobre la trayectoria y obra del escritor donostiarra, indica que a esa pulsión creadora suya hay que añadir lo que el propio poeta dice acerca de lo que su poesía persigue: “Contar mi vida, o la de alguien muy parecido a mí, de manera que el lector pueda creer que le estoy contando la suya”.

La trayectoria literaria de Iribarren lleva consigo unas referencias que se han de situar en poetas como Bukowski y Carver entre los maestros del realismo sucio y en Ángel González, Jaime Gil de Biedma, Luis Alberto de Cuenca, Luis Antonio de Villena y en los poetas de la experiencia, de entre los que sobresale Roger Wolfe. Pero, en realidad, su quehacer poético no se ajusta a ninguno de los patrones antes citados, ya que sus poemas llegan más allá de los poetas americanos nombrados y su estilo es más condensado y con un registro rítmico más acentuado que la mayoría de los poetas españoles afines.

El poeta ha seguido por esa senda realista que ya inició con Bares y noches (1993) y La condición urbana (1995). En el volumen Seguro que esta historia te suena (2015) se encontraba toda su obra completa hasta el momento de su publicación, donde se puede comprobar la estela invariable seguida por el poeta a lo largo de más de veinte años. Sus poemas siempre han tenido una historia que contar, un argumento, un relato esbozado. Y hay que decir que pocos poetas tienen tan presente en su obra su propia vida como Iribarren. Cada poema suyo es un trozo de su piel que ha ido trasplantando a la página en blanco de su biografía. Por eso es tan importante hablar de su vida cuando intentamos analizar su obra, ya que su temática le llega de la propia experiencia cotidiana.

Sabemos que tuvo una infancia muy dura, huérfano de padre pasó por un orfelinato, y que se refugiaba en la lectura para escapar de sus días tristes y anodinos. Contemplando lo que le rodeaba se evadía en la realidad más hiriente, para viajar a un mundo de aristas más amables de las que estaba viviendo en aquellos momentos. Después se dedicó a las actividades laborales más diversas: albañil, fontanero, vendedor de enciclopedias y camarero.

Sus poemas siempre tienen un paisaje, un escenario: los parques, el paseo marítimo, el río, la playa, la noche, las calles de su ciudad, las aceras, el tren y el bar, y sus temas giran en torno a la soledad, el amor, el deseo, el desamor, la infancia, la condición urbana, el paso del tiempo, todo ello desde la perspectiva de un camarero que, con visión ácida e irónica de la vida, escribe tras la barra del bar en sus ratos libres. El bar es el mirador perfecto para un observador agudo como él.

En Mientras me alejo (Visor, 2017), su última publicación, el protagonista de sus poemas sigue siendo ese paseante urbano que recorre atento e insistentemente las calles de Donosti a la espera de que una escena, una estampa o una anécdota salten ante sus ojos y le ayuden a discernir el significado de su existencia, pero ahora desde la perspectiva que da la edad tardía: más melancólica, serena y atemperada por el paso del tiempo.

Su nuevo poemario consta de cincuenta y cinco piezas, de entre las que se separa la última, Un mal ejemplo, un poema en el que se resume su tarea poética y la brújula vital que le ha traído hasta la aceptación de ser el hombre maduro que ahora es, exiliado en su interior, como afirma en uno de sus versos. Los poemas del libro denotan la evolución del escritor que ahora tiene una visión más resignada, aunque sin perder el punto de rebeldía que siempre le acompañó. En este libro habla más de la familia, de su mujer, el alcohol queda más distante, los ancianos del parque nos muestran las miserias de la edad que el poeta siente como suya, el amor y el desamor, que tantas veces vienen a ser lo mismo, no deja de estar tamizado por la ternura, y la soledad de antes se ha hecho como más colectiva.

Iribarren sigue todavía con mucha cuerda, haciendo gala de esa forma singular de concebir su poesía despojada de toda retórica y, a su vez, bien armada de nihilismo, pero más apacible, con ese toque de cierta tristeza y melancolía, la de un hombre que se ve afectado por la lenta derrota de los años que todo lo atemperan, y acepta su destino.

Dice Luis Alberto de Cuenca en el prólogo que el nuevo libro de Karmelo es “tan sabio, sencillo, efectivo y emocionante como los anteriores”, y opino, como lector y seguidor de su obra, que lo dicho por el prologuista resume perfectamente su quehacer literario, pero me atrevo a añadir que Mientras me alejo es su libro más hermoso, profundo y emotivo. Quizá, lo mejor que he leído suyo.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Escribir al raso. Vivir y escribir en la calle. 10 libros

Escribir al raso. Vivir y escribir en la calle. 10 libros sobre la vida en la calle

"Invierno en Grand Central" Lee Stringer (Debate)

"La gente del abismo" Jack London (Gatopardo Ediciones)

"Borracho estaba, pero me acuerdo" Victor Hugo Viscarra (en scribd)

"El desayuno del vagabundo" Richard Gwyn (Lom Ediciones) y (Bajo de Luna)
"Autobiografía de un súper vagabundo" William Henry Davies (Defausta Editorial) 


"En ruta" Jack London (Marbot Ediciones)

"Sin blanca en París y Londres" George Orwell (Debate) y (Menoscuarto)

"El pan a secas" Mohamed Chukri (Cabaret Voltaire)

"A la puta calle" Cristina Fallarás (Emecé Editores)

"15 años en  la calle" Miguel Fuster (Chula Ink)

martes, 26 de diciembre de 2017

leña para el invierno. siete poemas sobre la despoblación

LEÑA PARA EL INVIERNO. siete poemas sobre la despoblación
 
huellas
cuando anochezca
será ya siempre invierno
y la noche larga y oscura,
solo el humo de las chimeneas
nos dirá quién está vivo
    *****
el último invierno
cuando llegue el deshielo
y se desangre la nieve
la esperanza
será un recuerdo
    *****
nieva
el silencio de la nieve
como una caricia en el aire
cayendo
como un manto de olvido
    *****
todo depende del cristal a través del que se mira
un día de aceituna,
una centellada;
la niebla congelada en el aire
en los árboles en los tejados en la hierba en los fardos
es una imagen hermosa y frágil
bella mágica e irreal
como de cuento de hadas,
si estás al otro lado del cristal
    *****
un refugio
esos pueblos
donde no llega el coche de línea
donde no hay escuela
y el médico solo viene los miércoles y viernes
un rato por la mañana
donde no hay tiendas ni farmacia ni casas rurales
ni turistas ni niños
ni casi gente
esos pueblos
al margen
despoblados
olvidados
silenciosos
una noche de duro y lento invierno
con un bar abierto
donde combatir el frío la soledad el aburrimiento
donde compartir un vino tabaco unas palabras
todavía tienen una posibilidad
de seguir sobreviviendo
frente al olvido
y el vacío
    *****
después de la nieve
junto al fuego
amasamos los recuerdos
para cuando llegue el verano
no os falte nunca el pan
    *****
anís
mientras vayamos de matanza
estaremos vivos


los poemas son de José Pastor y las fotografías de Ichirô Kojima, José Ramón Dominguez Carnero y Nicolás Muller

lunes, 25 de diciembre de 2017

raras joyas del cine negro: El beso de la muerte

El beso de la muerte (Kiss of Death) 1947

98 minutos
Dirección: Henry Hathaway
Guion: Bent Hetch, Charles Lederer (Historia: Eleazar Lipsky)
Música: David Buttolph
Fotografía: Norbert Brodine (B/W)
Reparto: Victor Mature, Richard Widmark, Brian Donlevy, Coleen Gray, Karl Malden, Taylor Holmes, Mildred Dunnock.
Sinopsis: Un delincuente de Nueva York, Nick Bianco (Victor Mature) es herido y arrestado durante un asalto a una joyería. En el juicio, el fiscal Louis D'Angelo (Brian Donlevy) le ofrece reducir su condena, si entrega los nombres de sus compinches, pero Nick se niega a ello. Después de tres años en prisión, Nick se entera de que su esposa se ha suicidado y sus dos hijas están en un orfanato. Decide entonces negociar con el fiscal D'Angelo y entregar los nombres de sus cómplices. Sin embargo, el fiscal le exige que colabore también en la captura de Tommy Udo (Richard Widmark), un asesino y psicópata, cosa que el acepta. Nick es liberado y logra rehacer su vida con una nueva esposa y sus hijas. Pero Tommy Udo es liberado, y Nick comprende que lo buscará para tomar venganza. En 1995 el realizador Barbet Schroeder dirigió un remake protagonizado por Nicolas Cage. (FILMAFFINITY)


viernes, 22 de diciembre de 2017

"Sarajevo" Izet Sarajlić

Último tango en Sarajevo
La Sarajevo amorosa no se rinde.
Sobre la mesa la invitación para el baile matutino en el "Sloga".
¡Y, por supuesto, vamos!
Mis pantalones están un tanto deslucidos
y tu vestido no es de Via Veneto.
Pero nosotros no estamos en Roma,
nosotros estamos en guerra.
Llega también Jovan Divjak, En las botas se ve
que acaba de llegar de la primera línea.
Cuando te dice ¿bailas? te sientes confundida.
Es la primera vez que bailas con un general.
El general no sabe el honor que te hace
y que tú le haces a él.
Ha bailado con la más celebrada señora de Sarajevo.
Pero ahora este tango... ¡es sólo nuestro!
Nos da vueltas, cansados, la cabeza.
Amor mío, se acaba nuestra maravillosa vida.
Llora, llora, si quieres, no estamos en Via Veneto
y tal vez sea éste nuestro último baile.

Busco una calle para mi nombre
Paseo por la ciudad de nuestra juventud
y busco una calle para mi nombre.
Las calles grandes, ruidosas,
se las dejo a los grandes de la historia.
¿Qué hacía yo mientras se hacía la historia?
Simplemente te amaba.
Busco una calle pequeña, simple, cotidiana,
a través de la cual, sin llamar la atención de nadie,
podamos pasear incluso después de la muerte.
No es importante que tenga un paisaje hermoso,
tampoco que haya pájaros.
Lo importante es que en ella puedan tener refugio
cualquier hombre o perro en peligro.
Sería hermoso que estuviera empedrada,
pero tampoco esto es imprescindible.
Lo más importante es que
en la calle que lleve mi nombre
no le suceda nunca a nadie una desgracia.


A los amigos de la ex Yugoslavia
¿Qué nos ha ocurrido de repente,
amigos?
No sé qué hacéis.
Qué escribís.
Con quién bebéis.
Qué libros leéis.
No sé siquiera
si seguimos siendo amigos.

Aquel mirlo
¿Qué habrá sido de aquel mirlo
que cantaba la primavera pasada
cuando esperábamos el tren
en la estación de Dovlici?
Pero, ¿puede un poema sobre el mirlo
sustituir el canto del mirlo?
¿Puede?
Lo dudo.


"Sarajevo" Izet Sarajlić (Valparaiso Ediciones)

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Nuevo viaje al corazón del frío. por Alfonso Vila Francés. (en la revista Jot Down)

Nuevo viaje al corazón del frío
por Alfonso Vila Francés  
 
El solitario sur de Soria en la frontera de Aragón.

Los camiones pasan pero no paran, los coches, los pocos que circulan, tampoco. No tienen ningún motivo para parar. No hay gasolinera. No hay bar. No hay gente. O si la hay, no sale a la calle. Hace un tiempo muy agradable. Solo dos grados por encima de cero. Pero eso no es frío. Los que viven por aquí saben que eso no es frío. El frío de verdad aún no ha llegado. Casi ya diciembre y aún sin nieve en el Moncayo. Miento: ayer llovizno. Y hoy el Moncayo está cubierto de niebla. Tal vez haya nieve, un poco de nieve, los primeros copos del invierno, pero de momento es imposible saberlo. Ha salido el sol, pero la cumbre del Moncayo está completamente oculta. Y no sería extraño que estuviera así todo el día, o varios días. El Moncayo es el muro que todos los camioneros miran de reojo. La carretera va directo hacia él. Pero por suerte se desvía y después de un pequeño puerto llega a Ólvega. Y desde allí corre directa hacia el valle del Ebro. Donde al frío se le une la humedad del río y el viento que barre todo el valle. He parado en un pueblo minúsculo, donde no hay nadie, o no parece que viva nadie. Imagino que serán unos cuantos ancianos, que cuentan los días de vida que le queda al pueblo.
Ermita en Buberos.
¿Quién limpiará la ermita cuando llegue el verano? ¿Quién sacará al santo en procesión en las largas tardes de agosto? Sí, los veraneantes. Siempre lo dejamos todo para los veraneantes. Ellos hacen que el pueblo, por unas semanas, parezca un lugar alegre y bullicioso, un lugar agradable para vivir, muy tranquilo y fresco, con mucho espacio para que los niños jueguen y exploren y tengan su reino imaginado. Su territorio virgen, lleno de tesoros y secretos incomprensibles. He pasado por este mismo pueblo en verano. Y he visto niños felices en bicicleta. Los he envidiado por un momento, porque me han recordado el niño que yo fui. Esos niños son niños de ciudad. Aquí hace muchos años que no hay escuela, ni tren, ni nada que hacer en invierno que no sea cuidar de la casa y de los campos. Les construyeron una carretera nueva, pero no era para ellos. Era para los camiones que cruzan la provincia sin parar. Que buscan una salida más rápida hacia los polígonos de Logroño, de Pamplona, de Zaragoza. Los jóvenes que quedan por aquí están en Ólvega o en Ágreda. Si buscas un hotel, tienes que ir allí. Si buscas un supermercado, un ambulatorio, un banco, un local para montar un pequeño comercio, un restaurante, una oficina de la administración, una pequeña nave industrial donde poder trabajar, tienes que ir allí. Para cualquier cosa hay que coger el coche y atravesar las largas rectas del páramo, que son engañosamente fáciles, porque los ciervos y los jabalíes no entienden de normas de circulación y la nieve y el hielo tampoco.
Buberos, como muchos pueblos de Soria, por encima de los mil metros.    
¿Y estos campos, estos girasoles, estos trigales, crecen solos? No. Alguien los mantiene. Para que cada primavera la tierra deje el monótono color marrón, ese marrón uniforme que se extiende hasta el horizonte, alguien tiene que pasar muchas horas montado a un tractor, muchos amaneceres y muchos atardeceres lejos de casa. Unos pocos jóvenes han cogido las tierras de sus padres y tratan de sacar una cosecha que les permita vivir. No es una labor fácil porque la tierra no es buena y la altura y el frío no ayudan nada. Muy lejos quedó el tiempo de los grandes rebaños de la mesta. Los pastores son algo que el viajero de paso encuentra muy folclórico, pero la realidad es que la ganadería es una actividad muy residual, y que pese a todos los documentales de la televisión y todas las supuestas ayudas del Estado, está condenada a desparecer. Aquí nadie se hace ilusiones. Puedes acercarte a la la ermita en un día de sol y ponerte a contar camiones. Y puedes dar un paseo hasta la vieja estación, y incluso puedes, si has oído la historia, recordar que por aquí se rodaron las escenas del viaje a Siberia de la película El doctor Zhivago. Vinieron buscando nieve en un inverno en el que, extrañamente, había muy poca nieve. Encontraron lo que buscaban y nos dejaron unas imágenes que ya no se podrán repetir nunca, porque ya no hay trenes en el Moncayo. Las dos líneas están cerradas, la que subía desde Tudela y la que subía desde Calatayud. Y también la que venía recta desde Ariza y buscaba el Duero por miedo a los fantasmas del monte de la Ánimas. Por aquel entonces Rusia aún era la URSS, un país muy lejano y cerrado, otro mundo. Por aquel entonces los trenes de Soria eran trenes de ida y vuelta, no solo de ida. El ferrocarril, que vino a traer el progreso, fue la brecha abierta por donde se desangró la provincia. Recuerdo que cuando vi la película por primera vez, siendo un adolescente, Soria estaba para mí tan lejos como Rusia. La cima nevada que se ve desde el vagón de ganado en el que viajan los protagonistas no es ninguna cima de los Urales, es el mismo Moncayo que ahora se esconde entre una niebla sólida, una niebla testaruda que nos niega su desnudez o su vestido blanco, porque ese secreto se lo guarda para sí. Vendrá el frío. Sí, pronto vendrá el frío de verdad. Y aquí no quedará nadie.
Estación de Fitero, subiendo hacia Ágreda.
en la revista Jot Down (diciembre. 2007)

martes, 19 de diciembre de 2017

8 poemas en forma de artefacto. Roger Wolfe

8 poemas en forma de artefacto

1. Sofisma

Y ahora
que estás
en España
que como
ya sabrás
es un país
en el que impera
el Estado
de Derecho
nunca olvides
que tu libertad
termina
donde empieza
la libertad
de los demás
le dijo
el funcionario
del Ministerio
del Interior
al inmigrante
magrebí.
* * *

2. Derecho

Tienes derecho
a expresar
libremente
todo aquello
que te esté permitido decir.
* * *

3. Payaso

Al terrorismo
se le llama
convivencia
si lo ejerce
un payaso
uniformado
con apoyo
de la grey.
* * *

4. Moscas

Los demócratas
han aprendido
de las moscas:
cuanto mayor
sea el tamaño
de la mierda
tanto más grande
es el consenso.
* * *

5. Periodismo

Lanza la mierda
y lávate las manos.
* * *

6. El poder de la palabra

Usté no sabe
con quién
se está metiendo
dijo el borracho
en la
comisaría.
Porque soy
poeta
y fui tocado
por los dioses
con el poder
de la palabra.
Y le partieron
la otra ceja
antes de darle
por el culo
con su propia
estilográfica.
* * *

7. Racismo

No hay color
que no se doblegue
al del dinero.
* * *

8. Compromiso

—¿Eres político, Lou?
—¿Político? ¿Con respecto a qué? Dame un tema.
te daré un pañuelo, y me limpias el culo con él...
Lou Reed, “Take no Prisoners”
Hay escritores
que se empeñan
en que los libros
siempre están
en otra parte.
Somalia
Nicaragua
Mongolia
Pernambuco
Sarajevo
qué más da.
Y si te paras
a pensarlo
tiene gracia
porque al final
aciertan
sin saberlo:
cualquier
jodida parte
menos donde ellos
estén.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Carter. Ted Lewis

"Carter" Ted Lewis (Sajalín Editores)
Ted Lewis escribe con la precisión de un francotirador, como un asesino profesional que no deja nada al azar. Descripciones minuciosas, estilo directo y sobrio, frases cortas, acción y violencia, conversaciones que refuerzan la historia, personajes trabajados.
"Carter" (Jakc´s return home) es una novela negra, potente, dura, que narra la historia de una venganza. Jack Carter, un asesino profesional, que trabaja para los mafiosos londinenses Les y Gerald Fletcher, regresa a su ciudad natal, al entierro de su hermano Frank. Según la versión oficial, murió al despeñarse con su coche, borracho, por un desfiladero. Jack que conocía bien el carácter de su hermano duda de la versión oficial y empieza a hacer preguntas. Las preguntas de Jack incomodan a los mafiosos de la zona y a sus aliados de Londres. Estos tratarán de que Jack se olvide del asunto y vuelva a Londres, pero Jack está empeñado en averiguar la verdad y vengar la muerte de su hermano.
"Carter" está inspirado en el asesinato en Newcastle en 1967 de Angus Sibbet (vinculado a la mafia de las tragaperras).
Mike Hodges realizo una adaptación cinematográfica con el título "Get Carter" (Asesino implacable) con Michael Caine como protagonista.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Pequeñas canciones para un circo mudo. Ángel Rodríguez

"Pequeñas canciones para un circo mudo" Ángel Rodríguez (Piedra Papel Libros)



Si hace frío se abrazan
y se huelen a menta,
aunque les cuelgue un nudo en la garganta
y tiriten.


En la alcoba espera
con las piernas abiertas
la muerte.


Aquí es donde respira el estiércol del mundo,
donde viven los despojos.


En la carpa del circo hay un hueco
por el que mirar la luna.

lunes, 11 de diciembre de 2017

"Manifiesto Redneck" Jim Goad. (reseña de David Torres)

"Manifiesto Redneck" Jim Goad (Dirty Works Editorial)

Manifiesto redneck

Me crié en un barrio pobre de Madrid, en el seno de una familia obrera, y aunque no he pasado hambre un solo día de mi vida, tengo un conocimiento muy preciso de lo que significa ese concepto, quizá porque lo oí muchas veces a lo largo de mi infancia. “Niño, tú no sabes lo que es pasar hambre” o “Ya verás cuando llegue el año del hambre”, eran admoniciones típicas de mis padres a la hora de sentarnos a la mesa. Ellos podían decirlo con conocimiento de causa: habían conocido el hambre de primera mano gracias a la generosidad de la posguerra. Esa resonancia genética me incapacita para hacer una lectura impersonal del Manifiesto redneck de Jim Goad, un libro que me ha revuelto las tripas, probablemente el ensayo político más urgente, provocador y necesario que he leído nunca. Y, desde luego, el más divertido.
Más que un libro, Manifiesto Redneck es dinamita, rabia en estado químicamente impuro, un desvelamiento radical, paso a paso y puñetazo a puñetazo, del secreto más sucio de los Estados Unidos. Que no es el racismo, esa vergüenza a voces, ese mantra repetido a todas horas, día y noche, sino el clasismo. Goad demuestra sin la menor sombra de duda que el color nunca ha sido el problema, que la distancia entre un negro pobre y un blanco pobre es infinitesimal comparada con la que va de un mendigo a un millonario. Que la esclavitud no es una cuestión racial sino un estigma de clase, que los siervos medievales europeos de los que proceden los rednecks y los hillbillies no se diferenciaban gran cosa de los esclavos negros arrancados de sus tierras y hacinados en barcos a través del Atlántico. Que muchedumbres de jóvenes de piel blanca también fueron secuestrados en las calles de Londres y traídos contra su voluntad en bodegas malolientes. Que a veces solía pasar que un siervo blanco fuese peor tratado que un esclavo negro, puesto que no se trataba de una propiedad sino de una herramienta a plazos que el amo podía usar y tirar sin remordimientos. Habla de niños sin futuro no en otro continente o en otra época sino al doblar la esquina, de tribus hambrientas con tu mismo color de piel acampando en la periferia de las ciudades. Habla del fantasma que recorre Estados Unidos, el que sigue recorriendo Europa, Asia y África, el que intentaron conjurar en vano Marx, Francisco de Asís o Espartaco:
“Trabajo libre” es un oxímoron y sólo los imbéciles creen que algo así puede existir. Es imposible trabajar para otro y ser a la vez libre. La mayoría de la gente es libre de tomar una decisión una sola vez en su vida: trabajar o morirse de hambre.
Publicado originalmente en 1997, el libro de Jim Goad resulta profético en varios sentidos: anuncia la gran estafa inmobiliaria que se formaba en el horizonte y explica, desde el desmoronamiento y la hipocresía secular del partido demócrata, la presencia de un patán obsceno como Donald Trump en la Casa Blanca. Y lo hace echando sal en las heridas, desvelando la codicia y la hipocresía de santones intocables como Abraham Lincoln o George Washington. Entre muchas otras lecciones históricas impagables (aparte de sacar a la luz el arbol genealógico de los rednecks desde los campesinos europeos y los siervos de la gleba) está la incómoda verdad de que, al término de la Guerra de Secesión, republicanos y demócratas promovieron un enfrentamiento racial que llega hasta nuestros días. Mientras los republicanos armaban a los negros bajo la égida de la venganza y los demócratas se organizaban bajo las capuchas y antorchas del Ku-Klux-Klan, sólo hubo una fuerza política que hacia 1890 intentó superar las diferencias de raza y abogar por la igualdad y la justicia social: el Partido del Pueblo. Los populistas, nacidos de la conjunción de dos sindicatos. Sí, chavales, hasta en eso nos han tomado el pelo.
Goad escribe con fuego y queroseno, revelando la ira creciente y el rencor de una clase social injuriada y repudiada con total impudicia desde cualquier perímetro social: los blancos pobres, los hillbillies, los rednecks, los hicks, la basura blanca. Como si ellos tuvieran la culpa de ser pobres, de apenas saber leer o de no poder costearse un seguro médico. Como si fuesen sus antepasados los dueños de las plantaciones que se enriquecían con esclavos. A base de escupitajos, Goad va demoliendo uno por uno los grandes tabúes de la izquierda exquisita y de la corrección política, quitándoles la careta a los hipsters, a los hippies, a los progres y a todos esos voceros que denuncian la segregación en las barriadas de Brooklyn mientras ellos se parapetan en los apartamentos más caros de Central Park, bien lejos de cócteles raciales:
Culpan a la blancura cuando tendrían que culpar a la codicia. Culpan a la masculinidad cuando tendrían que culpar al poder. En lugar de desvelar la verdadera arquitectura de la intolerancia se limitan a darle una nueva mano de pintura.
Es cierto, yo no tengo la menor idea de lo que es ser un redneck, ni he vivido jamás en una caravana, ni he destilado whisky en una colina de los Apalaches, pero algo sé sobre deslomarse en un vivero para ganar unos duros, cargar cajas de libros escaleras arriba o patear las calles cobrando recibos de puerta en puerta. Quizá no signifique gran cosa como experiencia laboral, pero sí la suficiente como para comprender lo afortunado que soy ahora que me gano la vida mal que bien dándole a la tecla. La suficiente para atisbar la impostura cuando pretende darme lecciones un hijo de papá o un pijo certificado que se encuentra a varias generaciones de la experiencia metafísica del hambre. No tengo la nuca roja de inclinarme con el azadón de sol a sol a labrar la tierra, pero sé de sobra lo que es el miedo a que la pasta a fin de mes no alcance. Todavía lo sé, todavía lo siento. Cuidado con este libro porque podrías encontrarte en él, en el eslabón de un tatarabuelo tuyo escardando cebollinos en un páramo de Castilla. Podrías descubrir que tú también eres basura blanca. Podrías echar cuentas y calcular que no hay mucha distancia entre un negrata de Los Angeles, un gitano de Bucarest y una poligonera de Vallecas. Podrías espabilar y cabrearte mucho.

viernes, 1 de diciembre de 2017

La vida salvaje. Iván Rojo

"La vida salvaje" Iván Rojo (Rasmia Ediciones)

Iván Rojo tiene la habilidad de convertir los actos cotidianos de la vida (un día de trabajo en la oficina o en el taller, una visita al zoo, una tarde de cine, una celebración de cumpleaños...) en historias donde la realidad supera la ficción y la ficción da matices a la sucia realidad.
Con una mirada certera, exhaustiva y humana,  y con un estilo directo, impecable y poético, Iván Rojo disecciona la realidad y la vida con precisión, habilidad e instinto. "La vida salvaje" recoge relatos y poemas que reflejan la grandeza y la miseria de la gente corriente. Historias y poemas que son un retrato certero de la vida, vida que a veces nos lo pone difícil, pero por la que merece la pena luchar, porque es lo único que tenemos. Y escribimos y brindamos por ello. "Mal que bien aquí estoy, manteniendo el tipo./ Y me  siento discretamente orgulloso./ Así que brindo, sí. Claro que brindo./ Porque me lo merezco./ Igual que tú. No lo olvides nunca./"


El grito del gorila
Mucho antes de que esta ciudad se convirtiera en destino de cruceristas rusos y japoneses y de que su zoo fuera uno de esos tan modernos sin barrotes visibles y supuestamente dignos a ojos del visitante medio, el zoo de Valencia era una especie de cárcel llena de animales viejos y abatidos. Un geriátrico para fieras. Un sucio campo de exterminio. Yo iba con mi padre algunos domingos y sobre todo me acuerdo del gorila. Siempre sentado en su inmunda jaula, con legiones de moscas detrás de las orejas, de espaldas al público. La gente, también yo, le arrojaba cacahuetes y chucherías. Rebotaban en su espalda y en su cabeza y caían a su lado, pero el gorila ni se inmutaba. Aguantaba estoicamente la humillante lluvia durante horas. Hasta que de pronto se levantaba de un salto, cogía del suelo alguna de sus mierdas y la lanzaba con rabia hacia la gente. Entonces se quedaba un rato de pie, sacudiendo brutalmente los barrotes de su celda y mirando desafiante a los domingueros, mostrando al mundo aquel par de cojones como de cuero negro, enseñando sus colmillos amarillos, rugiendo como un terremoto vivo. Luego volvía a sentarse de espaldas a los visitantes, volvía a su condena. Su cuidador decía que estaba loco. Yo pensaba que el pobre bicho simplemente estaba harto de ser un mono de feria. Y que yo también lanzaría mi mierda al mundo si estuviera en su situación y fuera todo cuanto tuviera para defenderme y atacar. Puede que por eso haya acabado escribiendo.  


Eterno aspirante al título
Un ojo morado.
El otro hinchado,
semicerrado.
La nariz rota
varias veces,
el tabique
desviado.
El labio partido.
Un pómulo
astillado.
Y sangre
entre los dientes.
Si tu vida
tuviera cara,
a estas alturas
del combate
estaría
hecha un mapa.
¿Qué esperabas?
Viniste aquí
para pelear
con el campeón
mundial
de los pesados.
Viniste aquí
para darte
de hostias
con el mundo.
Te va a doler,
no lo dudes.
Pero más te vale
disfrutarlo.
Porque después
de la campana
del último asalto,
no hay nada.
Ni focos, ni flashes,
ni ánimos,
ni abucheos,
ni público.
Ni siquiera dolor.
Nada más que
un K.O. oscuro
como el olvido y
las estrellas muertas.
Así que esquiva,
faja, baila
y golpea.
Mientras puedas.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

La tribu del abecedario. Juan Cruz López

"La tribu del abecedario" Juan Cruz López (Piedra Papel Libro)

La tribu del abecedario es una banda armada de poesía. Sus miembros son jóvenes que escriben como una forma de sobrevivir en un mundo hostil. Son jóvenes valientes, luchadores que llevan la lucha más allá de la literatura, que celebran la noche, la rebeldía, la libertad, la vida. Poetas que fuerzan la puerta del paraíso para deambular por el infierno, que se enfrentan a sus miedos, que pelean, que sueñan, que comparten, que levantan el puño. Poetas que entienden la poesía como un acto vital, como un compromiso, como un acto revolucionario.
"La banda del abecedario" de Juan Cruz, narra en primera persona, las historias, los testimonios, las voces, las luchas y su forma de enfrentarse a la vida y a la poesía, de veintiséis de sus miembros. "La banda del abecedario" podía ser un manifiesto poético de una poesía rebelde, comprometida y libertaría, pero los poetas hiperviolentos de la tribu del abecedario no tienen manifiestos, ni juramentos, ni leyes, ni amos, ni reglas, ni futuro. Son poetas que no va a ningún sitio pero caminan con sus propios pasos y su propia voz. Su poesía está al margen porque es libre.
"La tribu del abecedario" de Juan Cruz López, es un libro fronterizo, poético, que se sumerge tanto en el relato testimonial y generacional, como en la prosa poética y la biografía. En todos los personajes de "La tribu del abecedario" hay algo de Juan Cruz, un tipo que con su narrativa, su poesía, su editorial y su tribu, intenta dinamitar la poesía y la vida. Y lo está consiguiendo.  Porque es necesario que existan tribus del abecedario.

.... Era malo como todos los poetas malos. Era bueno como todos los poetas buenos. Mis poemas podrían sacar de quicio a cualquier lector profesional. Escribía con una convicción sincera, con una actitud a veces casi mística. No era lo importante publicar sino darle una salida a nuestro instinto de supervivencia. Éramos jóvenes, valientes y -como decía al principio- quizá malos poetas, pero le hincamos el diente a nuestros días con fruición y eso fue más que suficiente.  

Sobre La tribu del abecedario por  Sergio R. Franco. Texto leído en la presentación de "La tribu del abecedario" de Juan Cruz López (Jaén, 18 de noviembre de 2017)

martes, 28 de noviembre de 2017

Layla Martínez y José Pastor en "La Tormenta"

"La Tormenta" nº1 (2017). panfleto de periocidad irregular para arrasarlo todo. con Antonio Orihuela, Layla Martínez, Manuel Lombardo Duro, Jorge Riechmann, José Pastor González, Vanessa Basurto, Jordi Maiz y Juan Cruz López.  (Piedra Papel Libros y Calumnia Ediciones)


De lo que le dije a Víctor Serge en una prisión de Petrogrado

Esta no es nuestra casa, Víctor,

esta no será nunca nuestra casa.

Este es solo el hogar

de los incendios y las orquídeas,

el lugar donde enterramos 

decenas de caballos

en un agosto terrible,

donde dormimos entre los lirios

y lloramos por los fusiles

que nos habían arrebatado.


Nosotros, que no reconocemos

los tribunales de los justos

ni acatamos ninguna de sus leyes,

solo podemos comprar la libertad

con los cantos de los caimanes, Víctor,

pero hasta los caimanes enmudecen

con las crueles enfermedades del abismo.


Por qué no fuimos feroces,

por qué no asesinamos

con nuestras propias manos

a los hermosos adolescentes

que teorizaban sobre la revolución,

por qué les concedimos el don de la locura

y les llenamos el pecho de amapolas.


Esta no es nuestra casa, Víctor,

esta no será nunca nuestra casa.

Este es solo el lugar

donde los días fueron atroces

y nos molieron a golpes,

donde me trenzaste el cabello

en señal de luto

y nuestro lecho se llenó de cenizas.


Marchémonos de aquí, Víctor,

no estamos destinados

a morir entre la nieve.

Para nosotros está reservada

la única muerte que es luminosa. 

[del poemario inédito "Cineraria" de Layla Martínez] 




premios literarios

quedaros con la esencia

con los pensamientos puros

con la custodia del arte

con la belleza y otras lindezas

con la estética y la ética

con lo divino y lo humano

con la sabiduría, el reconocimiento

la gloria, la fortuna, el amor y las riquezas

yo vengo a llevarme la bolsa

de ropa sucia 


[de "alguien tiene que limpiar la mierda" de José Pastor. (ediciones RaRo)] 



saltad la banca
la lucha más honesta
es la de los que no tienen nada que ganar 


  [de "Cuaderno de veredas" de José Pastor. (Piedra Papel Libros)]